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| Eva | |
Estas personas humildes, del barrio, a los que la foto no recoge el rostro, acudían cada sábado a hacer la venta económica al colegio para sacar fondos con los que se apoyaba la labor de los grupos de ayuda mutua. El despertador sonaba el domingo a las siete de la mañana porque Elena volvía a ir, con personas, como las de la foto, a vender en la calle Belveder. Son los rostros ocultos de la entrega generosa por los demás, son los rostros que van escribiendo la historia de las personas, también sin rostro, también sencillas, que gracias al apoyo mutuo encuentran en la "obra" un lugar de respiro para divertirse, para contar lo que les preocupa y para alimentar a los suyos. |