Iba yo pidiendo de puerta en puerta, por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba, maravillado, quién sería aquel Rey de reyes.

Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo.

La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo.

Sentía que la felicidad de la vida me había llegado al fin. Y de pronto tú me tendiste tu diestra diciéndome: "¿Puedes darme alguna cosa?"

¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Yo estaba cofuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y te lo di.

Pero qué sorpresa la mía, cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para dárteme todo!

Rabindranath Tagore

Quizá muchos de vosotros os sentiréis llamados a colaborar por un mundo más humano , más justo, más fraterno. Y, quizá, os sintáis también identificados con el espírtu de la Fundación Enrique de Ossó.

Cada un@ desde su verdad más honda, puede hacer "lo poquito que es en mí" como dice Santa Teresa de Jesús y eso Dios lo ve, como sucedió con el óbolo de la viuda.

Para un@s la aportación puede ser la oración, para ot@s su participación en el voluntariado nacional o internacional, para otr@s su contribución económica, con la seguridad de que su dinero se multiplica y adquiere dimensiones más humanizadoras y redentoras.